Revista bimestral • Mayo-Junio de 2011 • Año 07
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Mares en el cielo

Héctor Adahir Romero Ortega

Mares en el cielo

¿Escuchaste las olas en el cielo?, ¿las miraste?, sólo tienes que pegar un oído en las nubes, sólo tienes que escuchar, no es tan difícil.

La luna es un imán para los ojos, siempre se funde en las retinas, y nunca se olvida. Es curioso sentir como el viento se desliza mientras duermo, mientras callo; lentamente la belleza me hipnotiza y se hacen reales las secuelas. Qué magnifica existencia entre corales, o tal vez estrellas, pues en el cielo se hunden tan pequeñas y delicadas, que en la marea se reducen.

No logro entender por qué los ojos me caminan cuando la noche se pinta, tal vez cuando pintaron mis manos frías lo hicieron con las nubes como acuarelas, rozando los octubres lunares, los más hermosos y azules. Sólo así me entiendo, de otra manera no hay señales, ¿o acaso mi cabeza se pierde entre umbrales?, ¿no cavila?, ¿o simplemente son mis ojos irreales?

Todo toma una forma distinta mientras el color impávido me toca, cuando las palabras se pierden entre harapos y se vuelven letras tibias. Es como tocar el clarinete, mientras más soplas al alma, más las notas se detienen, y hasta el ave canta, las notas se convierten y las nubes se dilatan. ¿Es tan difícil?, ¿es tan difícil entenderte, libro abierto?, ¿es tan complejo desenvolverte? Lo sabes, lo percibes todo el tiempo, eres el reflejo de los mares. ¿No escuchas las olas en el cielo?, ¿no las has mirado?, sólo tienes que pegar un oído en las nubes, sólo tienes que escuchar, mirar los mares en el cielo y mirar lo cielos en el mar.

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Comentarios

hermoso...

Aarón

Hace 12 meses

sin palabras me encanto...

miriam

Hace 10 meses

Literatura
Topografías

En esta sección hallarás un campo de tubérculos, invadido por colonias de musarañas –dispersas en incontables túneles y madrigueras–; bajo enjambres de abejas sobrevolando la hormigueante superficie de la tierra, al tiempo que unos nubarrones densos amenacen con su olor, diciendo: se avecina una gran lluvia de verano. Entonces los insectos volarán a sus colmenas a causa del color del cielo, y el cielo estará minado por metáforas acerca de la gravedad que ciñe al mundo desde el centro (iguales a volúmenes de gotas): aligerándose y yéndose hasta perderse en la altura –cada vez menos visibles–; a medida que gane fuerza la fuga de la fuerza misma: desplazándose entre la precipitación, los sonidos y los reveses de un barómetro sensible, observándolo todo.

Dicho al revés: Es esta una agradable y espaciosa sección literaria, entonada con el tema del número en que se descubra la literatura cada mes, –aquí–: entre las huellas virtuales que deje Aion.mx, al correr de sus volúmenes.

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