Revista bimestral • Septiembre-Octubre de 2011 • Año 09
  • Texto Aumentar texto Disminuir texto
  • Color de fondo Azul Blanco
  • Comparte este texto Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir a un correo

Desbordante 2.0, ¿ensayo sobre la ceguera o sobre la lucidez?

Karina Hernández Linares

Desbordante 2.0, ¿ensayo sobre la ceguera o sobre la lucidez?

El título previo nos puede recordar, sin duda, a José Saramago y dos de sus obras más reconocidas, pero a mí, en este momento, me remite a una de las experiencias más relajantes y reveladoras de mi vida.

Como seres humanos tenemos cinco sentidos que nos conectan con el entorno, pero, sin duda, el que nos hace recordar la mayoría de las cosas que vivimos es la vista. Por medio de ella guardamos imágenes de todo aquello que experimentamos, es como el lente de la cámara que graba nuestra película. Gracias a ésta recordamos rostros, lugares y experiencias que marcan nuestra existencia. ¿Pero qué pasa con los olores, las texturas, los sonidos, los sabores? Sabemos cuando algo nos es agradable o desagradable, ¿pero hasta dónde somos capaces de recordar estas cosas?

Al vivir en un entorno tan fugaz y estresante, muy pocas veces podemos tomarnos el tiempo para poner atención a las pequeñas cosas que nos rodean. Desbordante 2.0, un espectáculo presentado por Sensorama, la campaña de Teatro Sensorial Sinestésico, me brindó la oportunidad de llevar a cabo un recorrido por aquello que quizá pueda parecer algo de lo más sencillo, como tomar entre mis manos una hoja de papel arrugada, y poder sentir, incluso descubrir, cada uno de sus bordes, de sus arrugas y de sus esquinas al irla extendiendo, hasta el poder hacerme consciente de mi respiración y darme cuenta de que soy un todo.

Al entrar a la sala de espera, sin saber a dónde llegarás, se puede percibir un aroma que me hizo sentir tranquila (después descubrí que eran Lilis). Mientras me mantenía a la expectativa de qué es lo que iba a pasar, comenzaban a llamar y pedían que me descalzara para finalmente entrar a un pequeño cuarto donde no había más de 18 personas, mi curiosidad crecía.

Todo empezó con un pequeño monologo de los sueños, ¿Qué es un sueño? Para cada uno de nosotros es una cosa diferente y, tal como cada uno de ellos es distinto en nosotros mismos, así fue el viaje por el sensorama, individual y diferente a cada momento. Las únicas tres reglas antes de empezar por tu recorrido: no quitarte los goggles, no abrir los ojos hasta que te sea indicado y no hablar. Debo de admitir que esta última fue la más difícil de cumplir, ya que llegó un momento en que algo en mí quería gritar muchas cosas.

Vivimos en un país lleno de miedos y desconfianza, y el hecho de que alguien que no ves tome tu mano y tengas que dejarte llevar a donde él quiera, asusta al principio. Sin embargo, después de unos minutos te olvidas de eso y empiezas a concentrarte en ti con cada aroma, sonido, palabra, objeto que llega a tus manos y que intentas descubrir al recorrerlo, olerlo, pasarlo por cada parte de tu cuerpo para poder distinguirlo; jugar con sus formas, su temperatura y descubrirte por medio de aquellos objetos, en cada sabor de lo que colocan en tu boca; escuchar una música que te lleva a no escuchar nada, jugar con todo aquello que te rodea, sentir algo entre tus manos, en tu cuerpo, que te recuerda una sensación vivida y de la cual no quieres desprenderte por su textura, es empezar a despertar esa memoria táctil. Lograr ver imágenes con todo mi cuerpo, fue parte de lo que experimenté en la primera sala del recorrido; fue como un pequeño paso para recordar que tenemos un entorno, que somos más de lo que muchas veces recordamos.

El segundo paso fue empezar a jugar con formas amorfas, pero más que jugar con las formas que se logran distinguir, fue jugar con lo que tú eres, descubrir a dónde te guía la voz que susurra cosas a tu oído, pero que no limita aquello que puedes hacer con lo que tienes en frente, entre tus manos. Sentí la necesidad de experimentar un poco más de tiempo con cada una de aquellas formas, para poder descubrir hasta dónde podía llegar con ellas, hasta dónde le podía permitir a mi mente viajar y querer responder a aquella voz que estaba a un costado, la cual en un momento se llegó a convertir en la voz de lo que estaba pensando. Fue conjuntar, en uno solo, un sin número de susurros que estaban a mi alrededor; sensibilizar tu oído, pero sólo para permitirte escucharte a ti.

Quitarte los goggles y darte cuenta de que a tu alrededor hay cerca de 25 personas, de que has olvidado que existía alguien más a tu lado, es notar como entre todos, justo en ese momento y a pesar de ser las diferencias, han formado un equilibrio.

Ver una sucesión de movimientos en los actores, en la que dan ganas de involucrarse activamente al principio, es darle a la misma vista una importancia que hemos olvidado; es por ella que puedes hacerte participe de que algo está terminando de cerrar esas imágenes amorfas, ya que no sólo ves cuerpos moviéndose, sientes tu energía moviéndose; primero, lentamente, complementando aquel juego que empezaste, hasta que en un momento, sin saber cómo, llega a un estado violento, a una sucesión de movimientos que te crean deseos de intervenir para detenerlos. Pero aquella corriente, así como se acrecentó, regresa nuevamente a la tranquilidad y te regresa a la oscuridad, mientras cubren tus ojos (metáfora, en mi opinión, interesante). Con la vista totalmente inhabilitada, con nada más que el sonido de tu propia respiración (la verdad en este punto del recorrido estaba tan ensimismada que no recuerdo si alguien a mi alrededor hablaba o si había música de fondo), pude sentir todo lo que soy; fue como desprenderme de todo aquello que yo misma represento. Y al quitarme todo aquello que uno mismo se va colocando para evitar ser vulnerable o para poder ser parte de algo, de alguien, pude notar que no había nada, nadie más que yo; que mis sueños, que esto que soy, es lo que vive y respira cada instante; sentí la liberación que hace tiempo había guardado para poder subsistir.

Desbordante 2.0 −su nombre lo indica−, me llevó desbordar todo aquello que había olvidado existente en mi cuerpo, en mi mente, en mi memoria y en mi ser.

Desbordante 2.0

San Luis Potosí 196, 5to piso. Col Roma.

Todos los lunes, 20:00 hrs.

$200 general, $150 estudiantes. Cupo Limitado.

Reservación previa necesaria a los teléfonos 19982586 y 19982587.

  • Imprimir Imprimir texto
  • Descargar este texto Descargar texto

Nombre (obligatorio)

Correo (obligatorio)

Sitio Web

Comentarios
Sin comentarios

Recomendaciones
Túneles y rutas aéreas

¿A dónde ir? Acaso un paseo por la montaña te provoque euforia, cólera, melancolía, risa… Acaso un duende escenifique a la mañana y el día se te convierta en teatro, en una fiesta de disfraces… en una sesión hipnótica. Nos damos a la tarea de dispersarnos, sin más finalidad que aquella de mapear al tiempo propio en pos de topos (más semejantes a pathos); buscando hallar territorios divergentes en caminos sobrepuestos, en túneles cruzados, en vuelos perpendiculares atravesando tiempos etéreos –igual que ubicando puntos de constelaciones contingentes, o rangos de genios del engaño–.

En esta sección habrás de encontrar accesos a la música, a la arquitectura, a la literatura, a la filosofía, al teatro, a la ciencia, a la escultura, a la fotografía, a la alquimia y demás; a partir de la reseña hecha por uno de los escritores de Aion.mx; sobre un lugar, una obra, un autor o una corriente, siempre en relación con la temática del número presente, al cual llevarán –de una manera o de otra–, estos mapas hechos a modo de recomendaciones para nómadas, amantes de lo nuevo y la diferencia.

Publicaciones relacionadas
Túneles y rutas aéreas

Enlaces recomendados